En 1808, España está ocupada por las tropas napoleónicas y las juntas ciudadanas se empeñan en la defensa del país. Los franceses ocupan militarmente Peñaranda de Bracamonte y sus oficiales se establecen en las casas de la calle de los Caños, que eran las mejores de la villa. Los soldados habitan el convento de San Francisco después de expulsar a los frailes. En la villa no se producen muchos sucesos cruentos, pero económicamente la presencia francesa supone una gran carga. Entre la población peñarandina surge algún guerrillero, como Ramón Peña, que, de vez en cuando, tiene alguna escaramuza con los enemigos cerca de la localidad.
El 22 de julio de 1812, las tropas francesas son derrotadas en la batalla de Arapiles. Los peñarandinos siguen la confrontación desde la Cruz de las Viñas. Además, el ejército derrotado huye por Alba de Tormes y sufre un nuevo descalabro en Garcihernández a manos de los dragones alemanes del Rey, que lo persiguen en su huida hacia Burgos.
Los invasores se han marchado y el pueblo, enfurecido, destroza las posesiones del duque de Frías, Señor de Peñaranda, quien se había definido como afrancesado. Arrasan el palacio, queman la Alameda y la casa de recreo y talan de raíz los árboles de las dehesas. A partir de este momento, y a pesar de que Fernando VII vuelve a la Península, el duque de Frías no conseguirá que en la villa se le trate como Señor.
En España se abolieron los señoríos en 1813, pero Peñaranda lo seguía siendo en 1836. No obstante, el duque de Frías irá desprendiéndose de sus posesiones en la villa. En 1924, el palacio de la plaza es vendido en pública subasta por el primo del duque, el conde de Superonda, en 45.000 pesetas.