Las Comparsas están compuestas por grupos de amigos, parejas e incluso niños. Para cantar se acompañan de instrumentos tradicionales, como el almirez, la botella de anís, los huesos, la pandereta y la zambomba, y recorren las calles y lugares de paseo de la localidad. Se reúnen en Nochebuena, Nochevieja y, hasta hace años, en la noche de Reyes. Interpretan villancicos y temas propios y adaptan sus letras, graciosas, alegres y con un punto de picardía, a la música popular.
Durante el carnaval, repiten las salidas y ponen una nota alegre y bulliciosa a los siempre concurridos paseos por Las Tapias y el Campo de San Francisco. Esta costumbre desaparece en 1937 con la prohibición de esta fiesta, que se refugió en los salones de las sociedades.
Junto a las Comparsas, y en las mismas fechas festivas, patrullaban las calles las Rondallas. Los componentes iban uniformados con el disfraz elegido para cada año y cambiaban de nombre dependiendo de la vestimenta. Se diferenciaban de las Comparsas en los instrumentos que les acompañaban: guitarra, bandurria, laúd y pandereta. Muchas estaban compuestas por niños pertenecientes a alguna asociación o a los colegios. Otras estaban formadas por adultos que, durante unos días, buscaban la fiesta y la alegría. Las Rondallas recogían, en establecimientos públicos y en casas particulares, dinero que entregaban a alguna asociación benéfica.
En la actualidad, existe La Comparsa peñarandina, agrupación que ha aglutinado a los herederos de las antiguas. Están organizados y uniformados, pero mantienen la gracia y la espontaneidad que caracterizó siempre a estas formaciones. Cuando La Comparsa entra en un local, la gente se une con alegría y las letras de los temas mantienen vivos los nombres y las costumbres de épocas pasadas.
Actualmente, han grabado Si nos quieren escuchar, disco editado por la Diputación de Salamanca que contiene 12 de sus mejores canciones.