El cerdo criado en casa fue la manera de obtener carne durante todo el año para la subsistencia familiar.
Al criarse los marranos en las casas, existía el oficio de paseador de cerdo. Era una persona que recogía a estos animales en las casas y los sacaba a comer al campo, como si de un pastor se tratara. Llegado el mes de noviembre, por San Martín, comenzaba la matanza, verdadera fiesta donde los vecinos se ayudaban unos a otros.
La matanza es un ritual en el que cada tarea tiene su tiempo. Por eso, entre un quehacer y otro hay sitio para el aguardiente, las pastas y la probadura.
Del cerdo se aprovecha todo: las patas traseras se curan para jamones; los lomos se fríen y se meten en aceite; con las carnes se hacen chichas para elaborar chorizos y salchichones; con la sangre se elaboran morcillas con cebolla y pan; las hojas de tocino se salan y se hacen chicharrones; con la grasa unida a pan se elabora el farinato y con la manteca se elaboran dulces, mantecados o tortas de chicharrón.
Y como se ha de aprovechar todo, la mejor forma de preparar las asadurillas de los tostones es cocinando un plato memorable: la chanfaina, presente durante siglos en los menús de los numerosos mesones y casas de comida de la localidad y en la carta de los actuales restaurantes. La Chanfaina se realiza con la asadurilla y las patitas del tostón, arroz, cominos, pimentón y laurel. ¡Exquisito!