Tierra de cazadores desde tiempo inmemorial, en Peñaranda los platos de caza tienen gran tradición. La liebre con alubias o guisada con arroz en su propia sangre, la codorniz escabechada y la perdiz estofada, guisada con chocolate, escabechada o con lentejas constituyen platos de gran sabor y contundencia, ya estén elaborados en las casas o en los afamados restaurantes de la ciudad.
De los frutos que ofrece el campo, siempre ha sido costumbre recoger el cardillo (un cardo bastante común). Lo complicado es cogerlo y limpiarlo sin dañarte pero, una vez pelados y limpios, se cocinan y son un buen acompañamiento de carnes y legumbres. También, se pueden preparar con huevos en revuelto. Las setas de cardo y los humildes champiñones gozan de gran tradición y aceptación.
Desde hace unos años, la afición a las setas se ha extendido hacia otras especies. En otoño, la Fundación Germán Sánchez Ruipérez y el Ayuntamiento organizan una jornada micológica que incluye conferencia, recolección, degustación y exposición al público.
En 1752, El catastro de Ensenada contabiliza 37 mesones, pero Peñaranda llegó a tener 62 en el siglo XIX. Actualmente, el sector hostelero es de los más pujantes y sus afamados restaurantes son un fuerte reclamo para el viajero.