El origen del conjunto de las tres plazas, declaradas Conjunto Histórico Artístico en 1973, está claramente vinculado al mercado semanal y a su evolución desde que Juan I concede a la villa el privilegio de celebrarlo en 1375.
Desde ese momento, los peñarandinos han visto cómo las plazas de Agustín Martínez Soler, de la Constitución y de España, enlazadas entre sí y porticadas al más puro estilo castellano, nacían y sufrían ampliaciones y reformas que han modificado su aspecto y funciones: el ayuntamiento cambia de ubicación dos veces; se amplía la Iglesia de San Miguel; aumentan las dimensiones del mercado; se celebran
espectáculos taurinos; se instala el quiosco de música y se inaugura el edificio del Centro de Desarrollo Sociocultural de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez en lo que antes fue cárcel y jugado. Actualmente, las tres plazas ocupan un lugar central en la vida de la ciudad. En ellas se mantiene el mercado y se concentran los distintos servicios comerciales, municipales, administrativos y culturales.